sábado, 15 de febrero de 2014

ARQUEOMALACOLOGÍA EN EL POBLADO OBRERO DE TOLEDO (AVD. CORONEL BAEZA, 63): EL CONSUMO DE OSTRAS EN ÉPOCA VISIGODA

A comienzos del año 2012, procedimos al seguimiento del movimiento de tierras en un solar del conocido “Barrio del Poblado Obrero” de la ciudad de Toledo, íntimamente ligado su fundación a la Fábrica de Armas, y en zona de contacto con el Yacimiento Arqueológico de Vega Baja.

Localización del Nº 63 de la Avd. Coronel Baeza y restos documentados

Durante el control arqueológico del movimiento de las tierras para la nueva edificación, junto a la medianería oriental, se localizó una estructura muraria de mampostería, posiblemente islámica, que estaba asentada sobre niveles de desechos visigodos que, a su vez, estaban colmatando el interior de lo que identificamos como un fondo de cabaña de suelo rehundido, también de la misma cronología.



 

Detalle de los rellenos visigodos en el interior del "fondo de cabaña de suelo rehundido"

Durante estos trabajos, en el solar constatamos numerosas fases de ocupación antrópica que iban desde época visigoda hasta el momento actual. La primera, un “fondo de cabaña de suelo rehundido” de época visigoda, amortizado también en esta misma fase cultura con toda clase de desperdicios; la segunda, la construcción de un muro islámico sobre los antiguos niveles visigodos. El material cerámico de la primera estructura, y por consiguiente asociado a los restos de fauna, estaban encuadrados a lo largo del S. VI. En lo concerniente al material islámico, podemos adscribirlo fundamentalmente al S. XI. Las fases más modernas corresponderían al momento de edificación de los bloques de la Avenida de Coronel Baeza, a finales del S. XIX y, el posterior zanjeo que se haría hacia los años 50 del S. XX para la construcción del desagüe de la incipiente nueva área urbana de la Reconquista, que desembocaría en el río Tajo.

La peculiaridad de esta intervención fue, principalmente, la identificación del “fondo de cabaña de suelo rehundido” de época visigoda, posiblemente una de las primeras identificadas en la capital del reino. En cuanto a la segunda peculiaridad fue, la recuperación en un espacio de aproximadamente 2 m2 de excavación, de un total de 41 valvas completas (VC) de Ostra (Ostrea edulis) más otras 12 valvas fragmentadas (FV).

 
Proceso de excavación, detalle de una de las conchas in situ.

Más del 65% del material arqueológico recuperado corresponde a fauna, el 3% a Ostras.
Elemplares durante el proceso de excavación.

En ocasiones la localización de determinados elementos en excavaciones que, por lógica no deberían aparecer, plantea cuestiones que se deben desvelar, si las ostras son animales marinos ¿por qué aparecen aquí, en el centro peninsular? ¿Los visigodos continuaron el gusto romano de consumirlas? ¿Cómo las trajeron? ¿Por dónde? ¿Quiénes? ¿Cuando?...

No siempre es necesario un hallazgo espectacular de grandes edificios y o de pucheros llenos de tesoros, tan sólo la concentración de unas conchas o de unos pequeños huesos, pueden arrojar más información y luz que los primeros.

 
Ejemplar de valva izquierda de Ostra, con parte de la concha rota debido
al force para su apertura

La recuperación de estas conchas, nos están informando de primera mano, que su existencia ratifica el consumo de este producto marino; que ha existido un comercio del mismo y que, al ser un alimento de lujo, sólo una clase social podría permitirse el capricho de su adquisición y consumo, etc. Por lo consiguiente, al final, una insignificante concha marina nos puede dar noticias sobre élites sociales, rutas comerciales y florecimiento económico de un núcleo urbano.


Algunos ejemplares de las conchas recuperadas (Ostrea edulis)

Hasta la fecha, el saber a ciencia cierta de donde proceden y quienes las encargaron, es difícil vaticinar, aunque nos inclinamos por dos posibles rutas comerciales, la primera desde el área de Cartagena; mientras que la segunda sería desde algún punto de la costa malagueña.
Tal vez alguien relacionado con la nobleza goda de la ciudad de Toledo, durante algún momento del S. VI se diera el capricho del consumo de este alimento como signo de su posición socio-económica.

domingo, 2 de febrero de 2014

Herramientas del Arqueólogo- la Estratigrafía Arqueológica

Una de las herramientas fundamentales del arqueólogo es la Estratigrafía.

En realidad, se trata de una metodología de registro, que proviene del campo de la Geología, establecida por Charles Lyllel en sus "Principios de Geología". Así, la estratigrafía geológica analiza cada capa de terreno y su orden, para establecer cómo se formaron y en qué orden.


Estratos Geológicos en la N-430 Panoramio


Muy cerca de la ciudad, tenemos una maravilla geológica: Los Montes de Toledo. Aconsejamos ésta guía para quien le interese Geología de los Montes de Toledo

Sin embargo, en la Arqueología contamos con un elemento que no se da en la geología: la acción del hombre. Así, el hombre puede construir una cabaña, demolerla, emplear ese terreno para arar; sus descendientes pueden volver a construir sobre él, abandonarlo, etc. Como vemos, en un mismo espacio pueden suceder muchas más cosas que a nivel geológico.

Derivado de los principios de Lyllel, en 1979 un arqueólogo de Bermudas, Edward C. Harris, publicó sus "Principios de Estratigrafía Arqueológica" (desde su web podemos bajarnos la publicación en español en formato PDF- Principios de Estratigrafía Arqueológica). En dicha publicación se expone un método de registro para la excavación, por el cual, a cada distinta capa o estructura, denominada "estrato" o "unidad estratigráfica", se le asigna un número y se analiza respecto a las demás, para poder reconstruir la secuencia de cómo se formo el yacimiento y su cronología.

Una vez terminada la excavación y recogida la información de cada estrato, se forma una secuencia en forma de matriz, denominada "Matrix Harris", que reconstruye toda la historia de lo excavado. Para cada estrato, se rellena una Ficha en la que se recoge toda la documentación del mismo.

Ejemplo de Ficha de Unidad Estratigráfica


Éste método se rige por cuatro principios básicos:

1-      Ley de la superposición de estratos: Las capas más superiores serán más recientes que las más profundas o inferiores.

2-      Ley de la horizontalidad original: Los estratos se forman originalmente de forma horizontal.

3-      Ley de la continuidad original: cada depósito es en origen un conjunto informe, sin aristas divisorias ni cuadrículas realizadas para la clasificación del yacimiento.

4-      Ley de la sucesión estratigráfica: A cada estrato le sucede otro que corresponde con una etapa posterior en el tiempo.

Así, cuando realizamos una excavación arqueológica, vamos desmontando el yacimiento en una secuencia cronológica inversa: desde el presente hacia el pasado, por lo que la zona superior de la matriz será lo actual, y lo inferior, lo más antiguo.

Corte de excavación con los números de los estratos en el interior del Monasterio de San Clemente.
Matriz Harris de los estratos


¿Como datamos cada estrato?

En cada estrato se registra su composición, su posible formación e interpretación, qué materiales se han recogido y sobretodo, su relación con otros estratos. Así, podemos datarlo de dos formas:

- Por los materiales encontrados en el estrato: puede hacerse de forma absoluta (mediante Carbono 14, por ejemplo, que nos da una cronología muy aproximada) o relativa (si sale una moneda del siglo XV, sabemos que ése estrato se formó, como pronto, en el siglo XV, aunque puede ser posterior; en todo caso, nunca anterior!)

- En relación a otros estratos: si tengo un estrato sin materiales, que se sitúa sobre un estrato datado en el siglo XII (anterior), pero bajo uno datado en el siglo XV (posterior), podemos afirmar que su cronología oscila entre los siglos XIII-XIV.

Otras aplicaciones de la Estratigrafía Arqueológica

Muchas veces vemos la arqueología como algo relacionado con la excavación del subsuelo, pero no es así. El arqueólogo también estudia los edificios y su formación, y aquí también se aplica la estratigrafía.

El método de Lectura de Paramentos (paramento es la fábrica de un muro) o Estratigrafía Muraria, es una adaptación del método Harris realizada por los profesores de la Universidad de Siena R. Parenti y G. Brogiolo (en España fue introducido por Luis Caballero Zoreda y el CSIC) que considera el edificio como un documento histórico y un objeto con múltiples estratos, construido a lo largo del tiempo en un proceso de construcción, destrucción y reconstrucción y no en un momento único.El método trata de aislar cada una de las acciones constructivas o destructivas producidas en el edificio por causas naturales o artificiales, voluntarias o involuntarias, con aportación del material o sustracción del mismo que son identificadas e individualizadas en unidades estratigráficas.

Fachadas de la Plaza de Padilla y calle San Roman del Monasterio de San Clemente de Toledo. Fases constructivas en base a la lectura de paramentos.


Así, al igual que en la excavación arqueológica, podemos "leer" la historia de un edificio, identificando las partes originales, las reconstrucciones, las reformas, los añadidos, etc. En éste caso, la datación de cada elemento dependerá del tipo de fábrica empleada. Pero ésto, otro día!

Matrx Harris del Monasterio de Santa María de Óvila (Guadalajara), en la que se recogen todas las estructuras murarias principales y su relación. ¿Alguien se atreve con ella?


miércoles, 29 de enero de 2014

SAN MIGUEL EL ALTO: UNA TORRE PARA LUCHAR CONTRA EL DEMONIO

La recuperación de la torre de San Miguel se encuadra dentro de un programa de rehabilitación promovido por el Consorcio de la ciudad de Toledo, organismo que también impulsó su divulgación a través de su línea de publicaciones: Los Monográficos del Consorcio.
La Torre de San Miguel el Alto se localiza en uno de los puntos más elevados de la ciudad, y totalmente exenta de la iglesia aunque a ella se le adosan algunas viviendas en las caras occidental y meridional.
La presencia de un arco de herradura dentro de la iglesia ha llevado a pensar a numerosos investigadores que se trata de una mezquita lo que vendría apoyado por la ubicación de la torre, interpretada como el alminar de la misma. Incluso hay estudiosos que afirman que se asienta sobre un edificio anterior, visigodo, basándose en la presencia de gran cantidad de piedras talladas cerca de la puerta.
La torre es de planta cuadrada, de 4,22 m de lado y una altura de 22,8 m por lo que guarda una relación más cercana al 1/5 que al 1/4 como ocurre en la mayoría de las torres mudéjares toledanas, haciendo de ésta la más esbelta de la ciudad. Esta relación se refiere al número de veces que se eleva la torre con respecto a uno de sus lados.
La fábrica se articula en tres cuerpos: un basamento inferior de sillería, un segundo tramo de mampostería encintada (típico aparejo del mudéjar toledano) y la parte superior en la que predomina el ladrillo ya sea formando arcos ciego de medio punto entrecruzados, arcos heptalobulados o arcos de herradura.



Destaca la presencia de una pequeñas columnitas de cerámica vidriada al exterior y huecas por dentro, denominadas maineles, que fueron repuestos por Regiones Devastadas tras la Guerra Civil Española.


Vista detalle de la torre con los maineles

Alzado de la torre

En el campanario todavía se conservaban cuatro campanas fechadas en 1510, 1617, 1832 y 1997. En las dos más antiguas la leyenda que aparece es bastante similar: CRISTO VENCE, CRISTO REINA, CRISTO IMPERA, CRISTO, DE TODO MAL, (ME DEFIENDA), ESTA CAMPANA SE HIZO EN EL AÑO DE MIL QUINIENTOS DIEZ AÑOS, en la de 1510; y CRISTO VENCE, CRISTO REINA, CRISTO IMPERA, CRISTO ME DEFIENDA DE TODO MAL. 1617.

Inscripción de la campana de 1617
Coronando todo el conjunto encontramos la veleta de hierro que se compone de una cruz latina rematada en punta en tres de sus lados. La intersección se adorna con un círculo y en la parte inferior se representa al arcángel San Miguel matando al dragón. 

Veleta
Tanto el acceso a la torre, de reducidas dimensiones, como la subida interior siempre girando a la izquierda o el interior cubierto con bovedillas falsas por aproximación de hiladas, nos indican claras reminiscencias islámicas. También los elementos decorativos como los arquillos polilobulados ciegos apoyados en columnitas de cerámica vidriada, los arcos de herradura, los frisos de ladrillos “en esquinillas”.. pero quizá la elevada ornamentación en la torre es la que nos revela su adscripción claramente posterior aunque siguiendo con los prototipos iniciados y/o desarrollados en la arquitectura islámica.
En la torre de San Miguel se reúnen un compendio de símbolos religiosos que forman en conjunto toda una alegoría de la cristiandad.
Una vieja leyenda relata como el demonio intenta subir una montaña y es el arcángel San Miguel el que le impide llegar a la cima derrotándole y expulsándole al infierno.
La montaña representa el centro del mundo, es tradicionalmente donde Dios habita, sube a orar, habla y declara la identidad de Jesús. El símbolo de la montaña representa un movimiento “ascensional” y “vertical”, es un elevarse hacia lo alto, una invitación a subir. Por ello se considera el proceso de la vida espiritual como una ascensión de la persona hacia Cristo, vértice de la montaña. En el ámbito religioso cristiano es el símbolo del deseo de Dios, del Absoluto; y en todos los pueblos, en la montaña, se divisa la morada de la divinidad. En la Biblia se acentúa el carácter sagrado de la montaña y son en ellas, donde se ubican la mayoría de los acontecimientos relacionados con la salvación y las manifestaciones de Dios. El ejemplo más claro de la representación de la montaña en la arquitectura y su significación religiosa, aunque evidentemente no católica, son las pirámides, pero también lo son cualquier otra manera de simbolizar la altura.
s habitual situar los edificios dedicados al arcángel San Miguel en lugares altos, siendo uno de los ejempos más significativos el del Monte Saint-Michel en Francia, y aquí en España el santuario de San Miguel en el monte Aralar en Navarra. En el caso de Toledo no hay que olvidar que la torre, y con ella la iglesia de San Miguel, se localiza en uno de los sitios más elevados de la ciudad, y por supuesto también hay que tener presente el nombre con el que es conocida: San Miguel el Alto.


Mount Saint-Michel (Francia)

Es probable asimismo que esta simbología se haya querido representar en la torre de San Miguel cuando en su construcción no se mantiene la relación 1/4 tradicional en los alminares cordobeses, siendo ésta la única de la ciudad que guarda una relación 1/5, es decir la longitud de un lado de la base elevada cinco veces en altura, lo que le confiere una imagen esbelta y una sensación mayor de altura. Una torre alta es una llamada de atención para el que lo observa y en el ámbito religioso, la finalidad última es la de elevar al hombre de lo terrenal a lo celestial.
         Rematando, en la cúspide se coloca la veleta con la representación del arcángel San Miguel matando al dragón. Se simboliza así la cima de la montaña (la morada de Dios) y al dragón (personificación del demonio), que intenta subir por ella (representada por la torre); pero en la cima le espera el arcángel San Miguel, en su figura de vencedor de las fuerzas del mal encargadas por Lucifer, y le vence arrojándole a los abismos infernales.
         El mismo nombre del arcángel significa “Quién como Dios”. La iglesia da a San Miguel el más alto lugar entre los arcángeles, y le llama “Príncipe de los espíritus celestiales” y “jefe o cabeza de la milicia celestial”, ya que aparece como el gran defensor del pueblo de Dios contra el demonio. Es por eso venerado como guardián de la Iglesia. Es pues, el símbolo del triunfo de la luz sobre las tinieblas.
Muy apropiadamente es representado en el arte como el ángel guerrero, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno. En este contexto, resultan llamativas las inscripciones de las campanas de la torre de San Miguel el Alto, fundamentalmente de las dos más antiguas: CRISTO VENCE, CRISTO REINA, CRISTO IMPERA, CRISTO ME DEFIENDA DE TODO MAL que más bien parecen gritos de guerra.
         A partir de aquí derivan en la Edad Media las imágenes del guerrero de alas brillantes con labrada armadura, al que no le falta la lanza con la que destruye al dragón, personificación del mal y símbolo del conjunto de los enemigos de la fe, vencido a sus pies. Se compara así, en muchas ocasiones a San Miguel con San Jorge. No hay duda de que las dos representaciones guardan un paralelismo que la iglesia medieval no hace sino alimentar.
         Pero esta narración tiene raíces más antiguas que las cristianas ya que existen multitud de semejanzas con antiguos mitos griegos y orientales en los que un héroe derrota a una serpiente, dragón o ser monstruoso para rescatar a una princesa o libra a un territorio o ciudad del mal.
         No es de extrañar, pues, que existiera una marcada predilección de los templarios por San Miguel como ángel, el de la espada, el de la Justicia Divina. San Miguel, en su lucha caballeresca contra los ángeles perversos, es el arquetipo del caballero y se concibe la caballería como una auténtica milicia terrena parangonable con la milicia celestial.





            

sábado, 25 de enero de 2014

ENVASES CERÁMICOS ESPECIALES: LOS UNGÜENTARIOS (LATE ROMAN UNGUENTARIA)


Corresponden a piezas de pequeño tamaño y, como nos dicen algunos autores, con una forma ahusada, es decir, en forma de huso. Su altura oscila alrededor de los 20 centímetros, y casi siempre presentan una anchura no superior a los cinco centímetros. El espesor de las mismas también oscila en torno al centímetro. Como nos cuenta J. Vizcaino, “… dentro de la denominación late Roman ungüentaria, se agrupan distintas producciones datadas entre los silgos V-VII que, a pesar de contar con características comunes como su morfología ahusada y su procedencia oriental, resultan ciertamente diversas.”. Actualmente se han identificado hasta tres tipos diferentes:

·         Early Byzantine ampulla

·         Ephesian early Byzantine ampulla

·         Ephesian early Byzantine amphoriskos

 En esta pequeña exposición no vamos a desarrollar ni a describir cada una de las tipologías, ya que sería tema para otro tipo de trabajo. Únicamente queremos con esta entrada, mostrar que estas piezas que hasta el día de hoy no se sabe verdaderamente si contenían esencias, perfumes o aceites especiales, también han ido apareciendo en el centro peninsular, lejos de la posible influencia bizantina y con cronologías amplias.
 

La mayoría de los ejemplares han sido localizados en el levante español, son significativos los estudiados en Cartagena durante las excavaciones del barrio bizantino que se asentó en el teatro romano. También destaca por la lejanía y por ser, por el momento el único recuperado en la Galaecia, el ejemplar de Lugo.
 

Ejemplares documentados en Cartagena. Catálogo Bizancio en Carthago Spartaria.

Ejemplares documentados en Cartagena. Catálogo Bizancio en Carthago Spartaria

Os mostramos cuatro ejemplares recuperados en la ciudad de Toledo, tres de ellos en los terrenos de la Vega Baja, y el cuarto en el casco histórico, cerca de la plaza de Zocodover. Cronológicamente, el más antiguo de ellos sería el recuperado recientemente en el casco histórico, ya que está asociado a unos niveles de destrucción de comienzos del S. V; mientras que los de la Vega Baja estaría encuadrados entre el S. VI o el VII. Que nosotros conozcamos hasta la fecha, son en total cuatro ejemplares diferentes identificados en Toledo, por lo que también esto implicaría una directa relación comercial del centro peninsular con el extremo oriente del Mediterráneo, incluso antes del establecimiento de Bizancio en el sur de la península Ibérica.
 
Parcela R-4, vivienda visigoda. En azul restos de ungüentarios, en rojo
conchas de Ostrea edulis y en amarillo, conchas de Potomidas littoralis.

Los ejemplares recuperados en Vega Baja podrían corresponder a las tipologías de “early byzantine ampulla”, que según J. Vizcaino son las producciones más comunes que se encuentran en Hispania. En general “… de forma homogénea, se trata de una producción caracterizada por una arcilla muy depurada, de matriz uniforme, bien calibrada, en la que los agregados, cuando son visibles, presentan un tamaño homogéneo. Encontramos una variada coloración en función cocción, que van desde las tonalidades rojizas a las grisáceas o incluso negras, con frecuencia alternas en pastas mixtas… Del mismo modo, los recipientes, de forma ahusada, se encuentran irregularmente engobados por inmersión, por lo general uniforme sólo hasta la mitad de su cuerpo, cayendo a partir de ésta toda una serie de goterones que pueden alcanzar la base”.
 
Ejemplar recuperado en la campaña 2009. Toletum Visigodo

De todos ellos, sólo uno presenta sello cerca de la base, en forma de cruz y que es el ejemplar correspondiente al identificado en la campaña del año 2009 cuando trabajaba en el yacimiento la empresa pública Toletum Visigodo, y conocido por las notas de prensa del momento. En cuanto a los otros dos, fueron recuperados en el año 2006, durante nuestros trabajos en las parcelas R-4 y R-6. Uno es una base en la que se aprecia perfectamente los goterones del engobe (R-6); mientras que el otro es un galbo, en donde también se aprecia perfectamente el chorreón del engobe. Este último ejemplar apareció muy cerca de la base con sello, ambos en la parcela R-4. La tonalidad de las pastas son rojizas, mientras que el engobe en uno de los casos es rosado y en el otro es ligeramente marrón.

 
                 

Ejemplares documentados en Vega Baja de Toledo, parcelas R-6 y R-4.

En ejemplar del casco histórico presenta una pasta más parda clara, y no parece tener ningún sello estampado ni restos de engobe. Se conserva una altura máxima de 10 cm., con una anchura de 5 cm. La pasta presenta gran cantidad de mica en su composición, por lo que efectivamente podría corresponder al primer tipo mencionado líneas arriba.
 

Ejemplares documentados en Cta. de los Portugueses (Toledo)

Para saber más del tema:

·         Jaime Vizcaíno Sánchez e Inmaculada Pérez Martín (2008): “Ungüentarios bizantinos con sello epigráfico en Carthago Spartaria”. Archivo Español de Arqueología, nº 81.

·         J. Vizcaíno Sánchez (2007): La presencia Bizantina en Hispania (S. VI-VII)… Antg. Crist. Murcia, XXIV

·         VV.AA (2005): Bizancio en Cartagho Spartaria. Aspectos de la vida cotidiana.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Gracias y Felices Fiestas!

Muchas gracias a todos los que nos habéis seguido desde que comenzamos en Octubre!! Ya casi hemos alcanzado 3.800 visitas, mucho más de lo que esperábamos!

También agradecemos la buena acogida que ha tenido esta iniciativa y seguimos animando a todo aquel que quiera participar, que lo haga con comentarios, preguntas, sugerencias...

Por nuestra parte, seguiremos intentando mantener vuestro interés con más aportaciones en lo que queda de éste año y el que viene, y os deseamos Felices Fiestas y que el 2014 sea un gran año para todos!!

Postal de Dig in the Dirt

jueves, 12 de diciembre de 2013

Arquitectura del Agua: Brocales de Aljibes y Pozos

Las casas toledanas, de clara tradición islámica, presentan gran cantidad de elementos singulares que las caracteriza en general y las singulariza en particular. Junto a los característicos aljibes que todas las casas tienen -por lo menos uno- a la par con ellos se conservan los conocidos “brocales de pozo”.

Estos elementos comunes en todas las casas toledanas darían para hablar largo y tendido, pero únicamente haremos un pequeño repaso sobre algunos de ellos, sobre los más comunes. El material que se emplea en su ejecución también es muy variopinto, siendo los más comunes los de granito y caliza; aunque también se han conservado brocales de mármol (de diferentes calidades) y de barro cocido, estos últimos de tradición mudéjar y adscritos aproximadamente a los S. XIV y XV.

Tanto la decoración como la tipología siempre van a gusto del propietario, pero sí podemos trazar unas líneas generales que nos ayudará a marcas un “time line” que, evidentemente, siempre tendrá sus acepciones.

En época medieval, tanto el mundo islámico como el mudéjar y parte del espíritu gótico (entre los siglos X-XV), gustan por el empleo, los primeros de calizas marmóreas y mármoles, utilizando escasamente el granito. Las formas tienden más a la circunferencia y a lo hexagonal, como es el caso del brocal conservado en el inmueble Nº 2 del Cobertizo de San Miguel el Alto, junto a la iglesia del mismo nombre, en el inmueble de la Pza. del Colegio Infantes 13 o en el de la Calle Santo Tomé, 21.

Brocal de San Miguel, 2

Brocal de Colegio Infantes, 13

Brocal en hornacina de calle Santo Tomé, 21 (Siglo XIV-XV)


Brocal en hornacina de calle de la Plata, 3 (Siglo XV)


Los mudéjares siguen utilizando los mismos materiales que en los siglos anteriores, incorporando al repertorio los brocales de barro cocido. Suelen estar vidriados y presentan una riqueza decorativa con motivos florales, geométricos y epigráficos, tanto en cúfico como en letras góticas, como los ejemplares conservados en el Museo de Santa Cruz.

También contamos con un singular ejemplar en pizarra, situado a ras de suelo, proveniente del Callejón del Alcahoz.

Brocal de Cjón. del Alcahoz

De estilo gótico, concretamente ya en lo que sería el S. XV, los hay de múltiples formas, con o sin decoración.  Por ejemplo, el conservado en el inmueble Nº 21 de la Calle de las Bulas, es de granito con tendencia hexagonal y, a media altura, está decorado con las características “perlas isabelinas”, esferas que van desarrollándose a lo largo del perímetro de la pieza.

Brocal de calle de las Bulas, 21

También tenemos un ejemplar de finales de la Edad Media en calle Alfileritos en el que se grabó, aunque actualmente sea inidentificable, el escudo de la familia nobiliaria que edificó el inmueble.

Brocal con heráldica de la calle Alfileritos, 3

Con el Renacimiento, también los brocales de los aljibes y pozos son reflejo de las tendencias del momento. Predominan prácticamente en su totalidad los perímetros circulares, quedando ya para el olvido la ejecución de piezas hexagonales, heptagonales u octogonales. De estas tendencias serían los dos brocales localizados en el inmueble nº 1 de la Plaza de las Fuentes, sencillos en su factura, sin ningún tipo de decoración, salvo el borde del mismo que está algo marcado.

Plaza de las Fuentes, 1

 También pueden contar con inscripciones, como éste otro ejemplar de la calle Santo Tomé nº 21.

Brocal de calle Santo Tomé nº21 con la inscripción "IHS" (símbolo de Jesucristo)

Los ejemplares del S. XVI y primera mitad del S. XVII presentan unas decoraciones que cada vez van siendo más variadas, así tenemos por ejemplo, que el brocal conservado en el Callejón de Esquivias,  presenta una decoración de franjas longitudinales imitando lo que serían las estrías de las columnas greco-romanas.

Callejón de Esquivias, 1

La época barroca conlleva en la ciudad de Toledo una gran actividad constructiva y de reforma de edificios medievales y espacios urbanos. Junto a ejemplares austeros sin ningún tipo de decoración, como el ejemplar de la vivienda Nº 17 de la Calle de la Plata, conviven ejemplares de decoraciones algo más elaboradas, como por ejemplo el conservado en la casa de San Ginés, Nº 2, los del inmueble de la Pza. de Santo Domingo "El Antiguo" nº 4 o uno de los dos conservados en el inmueble del Callejón de Agustín Moreto, Nº 2. En estos casos las decoraciones son franjas longitudinales o de imitación de sillares almohadillados.

Calle de la Plata, 17

Callejón de San Ginés, 2

Brocales en hornacina de Pza. de Santo Domingo "El Antiguo" nº 4 (actual sede de El Consorcio de Toledo)

Brocales en hornacinas en calle Agustín Moreto, 2

Desde el S. XVI, el material preferido por los tallistas será el granito, dándose casos aislados de utilización de mármol.

Para terminar, el hecho en sí de que el brocal pueda ser de una época u otra no implica en absoluto que tanto el aljibe como el pozo sean de la misma época. Muchos de los brocales se elaboran nuevamente para estructuras antiguas; y en otros casos, en aljibes de nueva planta también lo que se hace es reutilizar viejos brocales.

viernes, 6 de diciembre de 2013

El arte de morir en Toledo- Cipos Islamicos II


El origen del uso de estos elementos es un tanto difícil de esclarecer.  Ya en su día Clara Delgado Valero, intenta explicar el origen de los cipos con función funeraria, asociándolos  con  los cementerios de Atenas procedentes del periodo helenístico hasta época romana. La forma de los helenísticos, denominados kioniskos, es muy parecida a la que tienen los cipos islámicos medievales.   La dificultad del tema, según la autora,  es por qué doce siglos después los cipos son usados por parte de la cultura islámica-medieval en determinados puntos muy concretos  como, por ejemplo, en Toledo.


 Fotos 1: Cipo ateniense. Fuente: Oliver, G. “Athenian Funerary Monuments: Style, Grandeur, and Cost”. En: The Epigarphy of death. Studies in the history and society of Greece  and Rome. Liberpool University Press, 2000. Págs. 59-80. Fig. 3.1b,  pág. 70




Foto 2: Cipos de Kerameikos (Atenas). Fuente: Oliver, G. “Athenian Funerary Monuments: Style, Grandeur, and Cost”. En: The Epigarphy of death. Studies in the history and society of Greece  and Rome. Liberpool University Press, 2000. Págs. 59-80. Fig. 3.2,  pág. 70

Por otra parte, en el ámbito islámico durante la alta Edad Media, se han documentado cipos en Túnez, con una gran concentración  en Qairawan (a partir del siglo IX hasta la primera mitad del XI), pero también en otros lugares de esa misma zona, por lo que se podría suponer que la costumbre vendría desde Túnez, lo curioso es que esta moda tuviera cabida sólo en nuestra ciudad y su área de influencia,  y no en otras medinas principales de los reinos de Taifas.


Foto 3: Cipo funerario de Qairawan datado en el siglo X. Fuente: Imagen tomada del siguiente artículo: Clara Delgado Valero: “La Columna sepulcral: una forma funeraria del arte helenístico y del arte islámico”. En Arte hispano-musulmán. UNED, Madrid 2001. Págs.105-116.

Con el paso del tiempo,  entre  los siglos XIV y XV, todavía  pervive en la costumbre  de algunos cristianos el gusto de colocar cipos en tumbas.  En estos casos,  dichos cipos  proceden de sepulturas originariamente  islámicas (siglo XI), que con el paso de los años  quedaron abandonadas, ya que  desaparecieron los   familiares que las honraban, con lo que se reutilizan  para otras tumbas o como material de construcción.  Este hecho  se documentó,  no sólo en el Circo romano durante las excavaciones  de 1987, sino también durante la obra del remonte peatonal de la puerta del Cambrón  en 1999.  Con esto vemos que después de la conquista de Toledo, a pesar de la implantación  del nuevo orden cristiano, persisten las huellas de las tradiciones y gustos  islámicos.



Foto 4: Tumba con reutilización de cipo en su cabecera, excavada durante el control de obras del remonte peatonal de la Puerta del Cambrón: B. Maquedano Carrasco et alii: “Nuevas aportaciones al conocimiento de las necrópolis medievales de la Vega Baja de Toledo (y II)”. En: Tulaytula, Nº10.  Toledo, 1998. Pág. 52

Hoy en día, podemos observar en los cementerios otomanos de Estambul  tumbas con cipos de mármol,  cuya visión nos podría retrotraer  a un paseo por un cementerio en el Tulaytula del siglo XI.



Foto 5: Cementerio en Estambul (Turquía). Fuente: http://www.flickr.com/photos/40338697@N04/4069759932/